domingo, 14 de mayo de 2017

Corría el minuto 42 cuando Karim Benzema recibió



A medida que la energía colchonera se diluía, el Madrid entraba al encuentro. Los blancos (esta vez negros) aterrizaron en el estadio veinte minutos tarde y manejaron el ritmo de juego desde ese momento. Kroos, Modric e Isco llevaron la batuta sobre el triste y descuidado césped del Calderón. La realidad es que las condiciones del terreno de juego eran más parecidas a las de un campo de primera regional que a lo que se espera en un partido de tan alto nivel. Aún así, la mágica medular madridista dirigió el encuentro sin mayor dificultad que la que la intensidad local provocaba. Comandado por Gabi, una vez que comprobó que no era capaz de hacer frente a esa nueva versión del Madrid, el Atleti se empeñó en intentar igualar la situación a través de patadas y encontronazos, muchos de ellos más propios de una banda callejera que de un equipo de fútbol. La intención local de amedrentar a sus rivales no surgió efecto ante un Madrid que ya conoce las artimañas utilizadas en el Manzanares, por lo que el guión siguió su curso: el Real Madrid creaba y el Atlético destruía. Hasta que en el minuto 42 Benzema decidió alterarlo.
Magia francesa en un metro cuadrado

Corría el minuto 42 cuando Karim Benzema recibió un balón totalmente alejado de la meta de Oblak. El francés se enfrentaba a Godín, Giménez y Savić en una baldosa al lado de la línea de fondo. De lo que parecía una jugada destinada a acabar en nada, Benzema sacó el billete para Cardiff. Tres de los defensores de uno de los equipos más sólidos del mundo quedaron en evidencia ante el buen hacer del 9 madridista. La tranquilidad de "monsieur Karim" burló a la intensidad colchonera y sirvió para que, si bien no en el primer remate de Kroos, fuera Isco el que a través del rechace estrenase el casillero visitante en el luminoso. Se lo merecía el francés, que calló las bocas de todos los aficionados atléticos y quizás también alguna merengue.