Tom Fleming - Hoja Enferma

Hoja Enferma por Tom  Fleming epub

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  • Título: Hoja Enferma
  • Autores: Tom Fleming
  • Publicado:
  • ISBN: 0
  • Tamaño: .MB
  • Nº de páginas: 209
  • Idiomas: Español
  • Editorial: www.fapermex.mx
  • Valoración: ★★★★★
  • País: España
  • Genero: Novela kindle
  • Comprimido: no
  • Formato : PDF, EPUB

Tom Fleming con Hoja Enferma

A la señora podría ser años sesenta — sesenta y cinco. Lo miré, habiéndome estirado en un salón de chaise contra el fondo en el club de deportes localizado en el último fondo del edificio moderno de donde a través de ventanas enormes todo el París es visible. Esperé al profesor Avenarius que a veces encuentro aquí para charlar. Pero el profesor Avenarius llegó tarde, y miré a la señora: estuvo de pie un en el fondo en un cinturón en el agua y no tomó ojos del instructor joven en un traje de entrenamiento enseñándolo nadar. Después de sus instrucciones, sostuvo la región del fondo y tomó suspiros profundos y espiraciones. Respiró con la concentración, diligentemente, y era similar como si de la profundidad de las aguas la voz del viejo motor (para este sonido idílico que es olvidado hoy día ya responde y quien en absoluto desconocido, no tiene la comparación más exitosa, como con el aliento ruidoso de la anciana que está de pie en la región del fondo). Encantado, lo miré. El humor conmovedor (el instructor también lo realizó porque continuamente en él la esquina de labios tembló) atrajo mi mirada hasta que un conocido no llamara a mí y no distrajera mi atención. Cuando un poco más tarde quise mirarlo otra vez, las ocupaciones ya vinieron a un final. En un bañador fue por el fondo. Habiendo pasado por la instructora y habiendo aparecido en tres cinco pasos de ello, volvió a ello la cabeza, sonrió y agitó de una mano. Apreté el corazón. Tanto la sonrisa como este gesto pertenecieron a la mujer de veinte años. Su mano se alzó con el encantamiento de la facilidad. Pareció como si lanzó una pelota en color en el aire, que juega con el amante. La sonrisa y el gesto fueron ejecutados placeres y gracias mientras que la cara y un cuerpo ya perdieron cualquier petición. Que hubiera un encanto del gesto que se hundió en no el encanto de un cuerpo. Pero la mujer aunque probablemente también entendido que es fea ya, durante ese momento olvidó de ello. Alguna parte del ser todos nosotros vivimos fuera de tiempo. Quizás, sólo en los momentos exclusivos realizamos la edad y la mayor parte del tiempo nosotros — de la edad. De todos modos, pero durante ese momento cuando la señora, habiéndose vuelto atrás, sonrió y agitó al instructor joven (quien no sostuvo y rociado) no recordó la edad. Cierta quintaesencia de su encanto independiente del tiempo, este gesto se mostró durante un instante y me golpeó. Me tocaron inexpresablemente. También se repitió la palabra "Agnès" a mi memoria. Agnès. Nunca conocía a ninguna mujer con tal nombre.2Miento en una cama en un sueño ligero dulce. Ya a las seis, tan pronto como comienzo a despertar, alcanzo una mano para el pequeño transistor en una cabecera y presiono el botón. El primer sonido de noticias de mañana, soy apenas capaz para clasificar palabras separadas y otra vez me duermo así las frases de anunciadores se convierten en sueños. Es la pieza más fina de un sueño, la parte más encantadora del día: gracias a la radio siento la somnolencia invariable y despertamiento, que maravillosa oscilación entre el desvelo y un sueño que en sí mismo ya razón suficiente de nosotros de no lamentar para el nacimiento. ¿Si sueña mí, si realmente en la ópera también veo a dos trovadores en la armadura caballeresca que canta sobre cuál será el tiempo? ¿Cómo entonces, por qué no cantan sobre el amor? Pero entonces me alcanza que son anunciadores, y no cantan más, y festivamente interrumpen el uno al otro. "Habrá un día caluroso, congestionado, una tormenta" — dice el primer, y el segundo es juguetón: "¿Seriamente?" La primera voz tan festivamente contesta: "Mais oui. Pido perdón, Bernard. Pero esto así. Es necesario sufrir". Bernard en voz alta se ríe y dice: "Es una pena por nuestros pecados". Y primera voz: "¿Por qué razón, Bernard, tengo que sufrir para sus pecados?"
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