Negocio
de mercenarios
Martes
10 de Agosto de 2011
Ciudad
de México, 10 de ago.-
Hermético se muestra la administración
Calderón en sus acuerdos “secretos”
con Estados Unidos para sostener una interminable
guerra contra el llamado “crimen
organizado”. Argumenta “cuestiones
de seguridad nacional”. En el fondo,
se intuye una razón “económica”
con la sangre de los mexicanos.
Los
indicios llegan de fuera. The New York
Times hurgó el misterio el domingo
7 de agosto. Autorizó “abrir
un 'centro de inteligencia' en una base
de las fuerzas armadas mexicanas en el
norte del país”. Participan
agentes de la CIA, la DEA, militares.
Se contempla insertar un equipo estadounidense
de contratistas privados.
Sin
embargo, el asunto tiene antecedentes.
El Grupo de Trabajo de Naciones Unidas
sobre la Utilización de Mercenarios,
con sede en Ginebra, en 2009 pidió
explicaciones al calderonismo sobre la
supuesta participación de empresas
de seguridad estadounidenses en México.
Aún esperan la respuesta.
La
preocupación se argumenta: Un informe
presentado por la ONU, desde 2006 se tienen
denuncias de empresas militares y seguridad
de EE.UU. que supuestamente entrenaron
en el estado de Guanajuato a policías
federales mexicanos en prácticas
de tortura.
Otro
de los informes recibidos por el grupo
se refiere al reclutamiento de ex militares
de EE.UU. "con experiencia internacional"
para vigilar instalaciones de la empresa
paraestatal Petróleos Mexicanos
(Pemex).
"Hemos
estado realizando informes en Honduras,
Ecuador, Perú, Chile… los
dos únicos países de Latinoamérica
donde no hemos podido llevar a cabo una
misión sobre el terreno son México
y Colombia, a pesar de que hemos insistido
mucho", dice José Luis Gómez
del Prado, presidente del Grupo de Trabajo
de la ONU.
Publicó
Gómez Prado con Helena Torroja
Mateu, en marzo de 2011, el libro “Hacia
la regulación internacional de
las empresas militares y de seguridad
privadas”, en donde señalan
con meridiana claridad que las empresas
militares y de seguridad privadas son
una reencarnación en el siglo XXI
de proveedores del uso físico de
la fuerza: “Son los nuevos corsarios
que fueron abolidos en el ámbito
internacional en el siglo XIX”.
En
el Cuarto período de sesiones del
Consejo de Derechos Humanos, realizado
en Ginebra, el 21 de marzo de 2007, presentó
Gómez Prado su informe:
“Las
formas tradicionales de antaño
no han desaparecido completamente como
muestra el golpe fallido de Guinea Ecuatorial
de 2004 que demuestra que existen unos
vasos comunicantes entre mercenarios “tradicionales”
y las empresas de seguridad privada.
“Las
nuevas modalidades apuntan a una industria
emergente y muy floreciente de empresas
militares y de seguridad privada que responde
a una lógica comercial en busca
del mayor beneficio.
“Con
la privatización de la guerra,
los “contratistas privados o independientes”
(los nuevos “free lancers”
del siglo XXI) se habrían convertido
en el primer producto de exportación
de algunos países industrializados
a zonas de conflicto armado.
“Estas
empresas también reclutan y entrenan,
en países en desarrollo con un
alto índice de desempleo, mano
de obra barata y una tradición
migratoria para llevarlos a prestar servicios
en zonas de conflicto armado, donde de
simples guardias se convierten en combatientes
a los que se les entrega material bélico”.
Visto
así, tenemos que se “privatiza”
la llamada guerra contra el crimen organizado
de la administración Calderón.
Esta
guerra también se estaría
convirtiendo en un negocio redondo para
las empresas contratistas estadounidenses
que, según datos del Senado de
Estados Unidos, han ganado en un periodo
de cuatro años US$170,6 millones
a través de contratos con los Departamentos
de Defensa y Estado, escribió el
9 de agosto nuestro compañero Ignacio
de los Reyes, periodista de la BBC Mundo,
acreditado en México.
México
contribuye en este negocio de la muerte.
El paquete prometido de la Iniciativa
Mérida, US$1.400 millones de ayuda
estadounidense a México y Centroamérica
en su lucha contra el crimen y el narcotráfico,
estaría gastándose, asegura
el relator, "en la venta de tecnología
de guerra…y en manos de los contratistas",
observó José Luis Gómez
Prado.
En
México, el gasto estadounidense
en contratistas alcanzó su máximo
en 2008 (con US$64.4 millones), coincidiendo
con el comienzo de la Iniciativa Mérida.
Y los ingresos de los contratistas no
ha parado de crecer desde que hace 5 años
se iniciara la ofensiva mexicana a los
cárteles del narcotráfico.
México
es el segundo país de América
Latina donde más contratos se han
realizado para asistir en la lucha contra
el narcotráfico desde 2005, sólo
superado por Colombia, que sigue concentrado
la inmensa mayoría de esos acuerdos
(un 80%), según un informe publicado
el 7 de junio de 2011 por el Subcomité
de Supervisión de Contratistas
del Senado de EE.UU.
El
análisis revela que entre 2005
y 2009, el gasto anual del gobierno federal
sobre los contratos de lucha contra el
narcotráfico en América
Latina aumentó en un 32%, de 482
millones de dólares en 2005 a 635,8
millones en 2009.
En
total, el gobierno gastó más
de 3.1 mil millones de dólares
en contratos de lucha contra el narcotráfico
durante este período.
Más
directo. De 2005 a 2009, el gobierno federal
gastó al menos $ 170,6 millones
en contratos de lucha contra el narcotráfico
en México, señala el informe
senatorial estadounidense en su página
9.
Con
estos elementos, es difícil pensar
que se logre, por lo menos, frenar el
baño de sangre de mexicanos, en
la “privatizada” guerra contra
el llamado crimen organizado, porque terminaría
el negocio de los mercenarios asociados
con el calderonismo. Y sus efectos pueden
reflejarse en Irak o en Afganistán,
con las denuncias públicas de la
profunda corrupción de las empresas
de mercenarios.
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