IDENTIDAD
Viernes 18 de Mayo
de 2012
El
legado literario de Carlos Fuentes Macías
es de una dimensión inconmensurable,
puesto que no sólo son sus novelas,
sino sus múltiples ensayos, narrativas,
guiones de cine, artículos periodísticos,
y no se dude, se irá encontrando su
vastísimo aporte epistolar.
Para nosotros, existe otra genial contribución
dentro de su obra literaria, y es ese continúa
estudio, análisis e investigación
por la identidad del mexicano en general y
en lo particular del capitalino.
En efecto, él nació en la hermosa
ciudad de Panamá el 11 de noviembre
de 1928, por la carrera diplomática
de su padre, que los llevó de niño
a recorrer diversas capitales de América:
Montevideo, Río de Janeiro, Washington
D.C, Santiago de Chile, Quito y Buenos Aires.
Sin embargo, mexicano por sangre, por raigambre
y por derecho, empieza a enamorarse de la
ciudad de México, en vista de que los
veranos los pasa en la capital de la República
para estudiar en escuelas “para no perder
el idioma y para aprender la historia de su
país”.
No conocimos personalmente a Carlos Fuentes,
fue de una generación anterior a la
nuestra, su círculo fue el literario,
el diplomático, el nuestro estrictamente
periodístico; desde luego si alternamos
con otros escritores pero muy dedicados al
trajín diario del periodismo, como
Carlos Monsiváis con quien compartimos
foros de discusión, conferencias y
presentación de libros.
Sí, aceptamos, fue una laguna en el
tránsito de la vida, en descargo es
de apuntarse que lo conocimos a través
de su obra, esa obra que ahora es la herencia
cultural que nos deja no sólo a los
mexicanos sino a la humanidad toda, no sólo
a éstas generaciones de su contemporaneidad
sino a todas por venir.
Cuando hablaba de la ciudad de México,
de su “DF”, le ganaba la pasión,
como en esa conferencia magistral que dictara
en el Auditorio Nacional con motivo del homenaje
que se le rindió por su octogésimo
aniversario, ya que fue testigo espléndido
de la transfiguración de la ciudad
provinciana tranquila y bella a la gran urbe,
compleja y explosiva en que se ha convertido
la Capital de la República.
Lépero hasta el encanto, irreverente
hasta la saciedad, ninguno como él
para jugar con las conjugaciones del verbo
chingar o para usar en su precisión
el adjetivo chingón con todas sus variantes.
A nadie ofendía ni ofende en lo que
dejó escrito, fue una narrador de excelencia
de lo visto y vivido.
Enfrentó los innumerables gentilicios
que nos cuelgan a los que nacimos en este
valle del antiguo Anáhuac: chilangos,
defeños, capitalinos, imecas, desde
luego no nos molestan, sólo diríamos
como la zarzuela: ¡Dichoso aquél
que naciera español y toledano! ¡Dichoso
aquel que naciera mexicano y capitalino, doblemente
mexicano!
Como lo representa en su caricatura, Magú,
Carlos Fuentes ahora sí ya entró
“a la verdadera Región Más
Transparente”. El mejor homenaje a su
memoria, que se convierte en un abrevar excelso,
es leerlo y releerlo.
Periodista y escritor. Vicepresidente de FELAP
y Presidente fundador y vitalicio honorario
de FAPERMEX. Agradeceré Sus comentarios
y críticas en teodoro@libertas.com.mx,
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