Un
árbitro descuidado
Martes
08 de Mayo de 2012
Desafortunado
el Instituto Federal Electoral en la
organización del primer debate
presidencial. No solo fue la presencia
de la playmate mexicana, sino una organización
previa, durante y posterior, lamentable.
Fue
escasa la difusión de los canales
por los cuales se difundiría
el debate. La atención del IFE
y de la clase política se dio
en torno a la decisión legal
de Televisión Azteca de negarse
a difundir por sus canales estelares,
en lugar de realizar una profusa campaña
para ubicar el horario y los canales
de televisión y estaciones de
radio.
Esta
ausencia de comunicación provocó,
sin duda, una baja en la audiencia de
la discusión política
de los candidatos a la presidencia de
la república, inexplicable si
se toma en cuenta que el IFE dispone
de una cantidad importante de espacio
para posicionar el debate: esto es,
por un lado se acusó a Televisión
Azteca de asumir una posición
contraria a la democracia, mientras
desde el órgano electoral la
difusión prevía fue escasa,
sino nula. El IFE se limitó a
señalar que las estaciones y
canales de radio y televisión
serían dados a conocer a través
de la página web.
Durante
el debate, los canales de televisión
tuvieron la posibilidad de interpretar
en el momento las participaciones de
los candidatos. Este hecho, sin duda,
merece un estudio aparte, porque al
colocarse cintillas anotando –desde
una visión periodística
respetable sin duda- se orienta al televidente
en la interpretación de los contenidos.
Lo ideal es que la señal hubiese
sido respetada íntegramente,
sin ningún tipo de producción
desde las casas televisoras, con excepción
de un logotipo discreto que identificara
al canal.
Adicionalmente,
durante el debate hay varios detalles:
una conductora que hace las veces de
moderadora y que apuradamente tiene
que tomar las preguntas, depositadas
en papelitos, significa un riesgo innecesario,
en donde una distracción pudo
haber provocado error, con las consecuencias
irreparables que eso significa, como
ocurrió con Andrés Manuel
cuando coloca de cabeza una foto; por
cierto, una moderadora que se limitó
a leer las preguntas y dar el orden
de participación, sin reordenar
el debate de quienes olímpicamente
ignoraron los cuestionamientos, como
ocurrió con el Peje: otro, la
edecán, ex portada de Playboy,
deja manifiesta la poca seriedad en
la producción del debate de parte
del mismo Instituto Federal Electoral,
en una visión sexista, denigrante,
pero atractiva al respetable, un destello
para prender la polémica en las
redes y una provocación para
Quadri, al final una disculpa tímida:
una más, las salas adyacentes
con invitados, sin antes cuidar el aislamiento
de la sala del debate, la cual fue bombardeada
de susurros insistentes, risas, aplausos
y otras manifestaciones, distracciones
adicionales, innecesarias.
Al
terminar el debate, la ausencia de precaución
para la salida de candidatos, en escalinatas
repletas por el equipo panista, que
provocó con insultos al candidato
Enrique Peña Nieto, pudo haber
derivado en una confrontación,
también situación innecesaria.
Queda
de manifiesto que la comisión
responsable de organizar el debate se
limitó a conformar el acuerdo
marco con los representantes de candidatos
y contratar una empresa para la producción,
sin cuidar el detalle fino que genera
éxito en este tipo de ejercicios
democráticos.
Como
se observa, no se cuestiona el formato,
que aún con la rigidez estructural,
permite la discusión y el contraste,
así como la presentación
de propuestas, pero sí se cuestiona
el abandono en la organización:
por lo demás, Quadri-ciudadano
ausente e ignorado, Andrés Manuel
y Josefina dedicados a golpear al puntero,
y Enrique Peña Nieto, sacudiéndose
los señalamientos, cuestionando
a sus adversarios y proponiendo.
Los
números en las encuestas no se
mueven significativamente. Esta es la
forma, el fondo, ese es otro análisis
en relación con este debate.
Lo lamentable es que asistimos a un
juego con un árbitro, el IFE,
sumamente descuidado.
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LIC. ROBERTO PIÑÓN OLIVAS